Imprimir
Categoría: CARTAS

Cuando nuestros  ancestros descubrieron el fuego y con él la posibilidad de cocinar los alimentos, su primer ensayo de hacer algo parecido a nuestro pan, debió ser una  especie de galleta, algo insípida para nuestro gusto.

En los primeros países europeos, cada uno tuvo su galleta particular, así, Alemania tuvo los keks; Holanda, las koekie; Italia, la focaccina; España, la galleta e Inglaterra y Escocia sus biscuits. En el caso de Inglaterra y Escocia no podemos olvidar la importancia de sus galletas como acompañamiento obligado del té.  Más cerca de nosotros, los norteamericanos han hecho de sus cookies  -palabra derivada del holandés “koekie”- todo un arte con innumerables manifestaciones y hasta clasificaciones que he recogido en esta recopilación por razones prácticas: galletas de refrigerador, galletas moldeadas, galletas de barra, galletas de duya o manga de pastelería  y galletas por cucharaditas.

En nuestra América, encontramos los polvorones mexicanos, posiblemente una herencia de los polvorones sevillanos que mamá hizo alguna vez con tanto éxito como trabajo; estos polvorones mexicanos se elaboran especialmente para las bodas y en algunos libros aparecen reseñados como “Mexican wedding cakes”, aunque en otros he encontrado idéntica receta con el nombre de “Russian tea cakes”. Para no verme envuelta en un conflicto que, además de internacional  puede ser ideológico, los he incluido en este libro con el humilde nombre de “Bolitas de nueces” porque así me fue dada la receta.

  No podía dejar fuera nuestra morena paledonia  que, junto con las rosquitas de mamá (cuya receta no dejó escrita) fueron mis galletas de la infancia. Yo sólo he hecho paledonias una vez, con una receta de Scannone, pero las que incluyo en este libro son de los libros de recetas de Mamá Yayita, uno de los cuales está fechado en el 1921.

Posiblemente  no hay un producto alimenticio que sea más universalmente aceptado y consumido en todo el mundo que las galletas. Mientras ustedes leen esto, cientos de miles de personas en el mundo están comiéndose una galleta. Por eso –y no sólo porque me gusta hacerlas y comerlas- he seleccionado para este libro, las galletas que usualmente hacemos en Alfamén durante la Navidad. El resto del año decimos que estamos a dieta y no hacemos galletas, pero las compramos y nos las comemos, que  viene siendo lo mismo.

Básicamente, las galletas son una combinación de harina, grasa, azúcar y huevos. La adición de nueces, semillas, pasitas o chocolate; el tipo de grasa utilizada –mantequilla, margarina, manteca vegetal o aceite- añaden innumerables posibilidades de variación.

Las galletas de refrigerador son, a mi manera de ver, las más fáciles de hacer. Una vez hecha la masa, se divide en porciones, cada una de las cuales se envuelve en papel parafinado, papel plástico transparente o papel de aluminio, en forma de rollo. Luego se colocan los rollos en la nevera por una semana o en el freezer por 3 o 4 meses. Cuando se quiera hacer las galletas, se corta el rollo en rebanadas que se colocan en bandeja de hornear según las indicaciones de la receta.

Las galletas moldeadas tienen una masa más suave que permite darles forma con las manos: bolitas, deditos, lacitos, rosquitas, etc.

Las galletas por cucharaditas tienen también una masa suave y pueden hacerse más o menos grandes, según el tamaño de la cuchara utilizada para echar las porciones de masa en la bandeja de hornear.

Las galletas de barra se colocan en moldes más hondos y  una vez horneadas y refrescadas, se cortan en barritas o cuadritos, como los brownies.

A continuación les voy a dar algunos consejos para que las galletas queden muy bien: